Este sitio te permitirá acceder a los artículos de Rigo Vargas publicados en el periódico "El Sol de León", en la columna del mismo título

domingo, 26 de febrero de 2012

El Síndrome de la pistola - publicado el 26 de febrero de 2012


El síndrome de la pistola

El camino más efectivo para manifestar algo en nuestra vida, es la combinación de una idea, más un sentimiento, más una intención. El miedo es uno de los vehículos emocionales capaz de ejercer un gran poder de atracción sobre las cosas, personas o eventos que tememos, facilitando así, que nos encontremos frente a frente con aquello que nos  preocupa.

Esta condición se deriva de aquel precepto que postula: “a lo que te resistes, persiste”. Una idea que interpretamos como una amenaza potencial, tiende a ser pensada y repensada, lo que la nutre y le va dando poder, hasta convertirla en un peligro inminente. Ese es el mecanismo de las preocupaciones que atormentan nuestras vidas, a las que por cierto, deberíamos de referirnos como “pre-ocupaciones”, porque nos mantienen en un estado emocional bajo, cuando aún no se presenta eso que no queremos. “El puente se cruza hasta que se tiene enfrente”.

Hace algunos años, solía ser miembro del club cinegético de la ciudad. Practicaba el tiro como deporte, lo cual no estaba nada mal. El inconveniente era pensar que la vida era un lugar peligroso y que por ello tenía que andar armado todo el tiempo. Así interpretaba las cosas, respaldándome en el paradigma de “más vale tenerla y no necesitarla, que necesitarla y no tenerla”.

Un día, regresaba de una reunión que se había prolongado hasta altas horas de la noche y tuve que caminar por unas calles muy solas y oscuras. El miedo me empezó a invadir y los resultados no se hicieron esperar. Un grupo de asaltantes me salieron al paso y me exigieron el reloj y la cartera. Mi reacción fue ponerme en posición fetal en el piso y los bandidos me empezaron a patear con todas sus fuerzas. Saqué mi arma y sin ver, disparé hacia arriba. La detonación hizo que los tipos corrieran espantados y yo me levanté agradecido de haber tenido la pistola.

Cuando analicé lo ocurrido, me di cuenta que aquel tiro, le pudo haber costado la vida a cualquiera de mis agresores, lo que afortunadamente no pasó, y todo por defender un reloj y una cartera. Pensé para mis adentros: “¿de verdad esos objetos valen más que la vida de un ser humano?” Ese mismo día decidí vender mis armas. También llegué a comprender que el miedo que sentía, más la seudo-seguridad que la pistola me daba, me puso en la frecuencia exacta del episodio que viví.

Tengo un alumno que posee un automóvil costoso y de modelo reciente. Tiene los medios económicos para tenerlo asegurado, sin embargo él siempre me ha dicho con una firmeza envidiable: “No  aseguro mi carro, porque si lo hago, me coloco automáticamente en el supuesto de que algo malo le puede ocurrir. Prefiero vivir con la convicción de que nada malo puede pasarle”. Así tiene ya dos años y jamás le han dado siquiera un rayón a la pintura. Es impresionante.

El de él, es un caso extremo, pero posible, no obstante, tampoco es conveniente jugar a la “ruleta rusa” con la convicción que nunca nos va a tocar la bala. Las variables son tan diversas que es imposible controlarlas todas con solo una buena intención. Se trata de logra un sano equilibrio entre el poder de atracción y evitar los riegos posibles. Como dice el refrán: “Si no quieres que te toque, no te pongas en el tocadero”.

¿Cuál sería entonces la forma para evitar ese miedo que atrae lo que no quieres y que te orilla a salir con paraguas aun cuando el cielo ni siquiera está nublado? Concentrando tu atención en lo que sí quieres y dejando de darle energía a las cosas malas que te podrían ocurrir o no.

El mundo tiene todos los elementos para ser percibido como un paraíso, pero también como un infierno. Decide en cuál de los dos prefieres estar y enfoca tus intenciones, pensamientos, palabras y acciones, para que esa realidad se manifieste en tu mundo de forma cotidiana.

¡Qué tengas un excelente fin de semana!

domingo, 19 de febrero de 2012

Cuando la esperanza aniquila - publicado el 19 de enero de 2011

Cuando la esperanza aniquila

La esperanza es una cualidad maravillosa que va íntimamente ligada a las ilusiones y a los sueños. Sin embargo la esperanza tiene que convertirse en planes, acciones y estrategias para evitar que se quede inerte. Cuando esto ocurre, la esperanza es presa fácil del miedo que llega y la contamina convirtiéndola en inacción y conformismo. La iniciativa se paraliza y puede llegar a desaparecer al dejar de cultivarla.
Al entrar en ese estado, las personas no progresan pero tampoco se dan por vencidas. Los sueños se posponen indefinidamente. Aparece el miedo al éxito disfrazado de mil justificaciones. El nuevo enfoque de la esperanza infectada es esperar a que algo suceda, sin hacer nada para propiciarlo. Están seguros que les ocurrirá un milagro sin salirse de su zona de confort, sólo por el mero hecho de quererlo. No quitan “el dedo del renglón” pero tampoco siguen leyendo.

Conozco el caso de un hombre de edad avanzada que se para en las esquinas del centro de la ciudad y tiene la costumbre de saludar a todos los taxistas que pasan junto a él. Todos ellos ya lo conocen y le devuelven el saludo. En una ocasión que me tocó abordar uno y pasar cerca de él, el taxista agitó su mano y le sonrió. Le pregunté cuál era el motivo de ese ritual de saludos con todos sus colegas y fue entonces que me contó su historia.
Al parecer, muchos años antes, el señor “saludador” había estado felizmente casado. Amaba a su esposa por sobre todas las cosas. Sin embargo, un día discutieron fuertemente y el terminó la pelea marchándose hacia su trabajo. Más tarde, al regresar de sus labores, iba caminando hacia su casa y alcanzó a ver a su esposa subiéndose a un taxi que abandonó velozmente la escena. Cuando entró a su casa, encontró una carta de despedida de su mujer, y todos los efectos personales de ella ya no estaban. Lo había abandonado.

Aunque al principio la buscó, nunca más supo su paradero y la última imagen que su mente retuvo fue su esposa subiéndose a un taxi. Ahora vive con la esperanza de volver a verla a bordo de uno.  Y desde hace más de quince años, al salir de su trabajo, se va a parar a una esquina diferente para observar a los pasajeros de los taxis que pasan junto a él.
También podríamos hablar de las personas que se estancan en cualquier relación, deseando que algún día termine y encuentren algo mejor sin hacer absolutamente nada para desapegarse del estado en que actualmente se encuentran. Acostumbran pensar que la relación va a terminar porque el otro se irá algún día, ¿Cuándo? Tal vez mañana. Sin embargo, el único día que nunca llega es “mañana”, porque siempre es “hoy”.

Joan Manuel Serrat, escribió una hermosa canción llamada “Penélope”, donde narra la historia de una mujer que espera el regreso de su verdadero amor y todos los días va a la estación de trenes con la esperanza de ir a su reencuentro. Ella termina perdiendo la razón, pero ni así faltaba a su cita. Cuando su amado por fin regresa, ella no lo reconoce y le contesta con un lacónico: “Tú no eres a quien yo espero”.
La esperanza es grandiosa y mantiene vivas tus ilusiones, lo malo es que permitas que aquella espera te inmovilice y lo único que hagas es seguir deseando que aquello que quieres, ocurra. Si lo que esperas depende del acto de un tercero, sólo fluye sin depender de la voluntad de nadie, más que de la tuya propia. Si depende de un evento externo a ti, haz todo lo posible por acercarte a él, en la medida de tus posibilidades, y si no se da, continúa tu camino.

Hay veces que la vida nos enseña que es momento de cambiar el rumbo, porque nos damos cuenta que el camino que recorremos no nos va a llevar a nuestro destino. Si ese es el caso, redirige tu esperanza hacia otro puerto sin aferrarte al que decides dejar atrás.
En ninguna circunstancia permitas que tu sueño sea más grande que tú.

¡Que tengas un hermoso fin de semana!

domingo, 12 de febrero de 2012

La Cosecha Divina - publicada el 12 de febrero de 2012


La cosecha divina

Al margen de la ya tan conocida ley de atracción, que postula que aquello en lo que enfocas tu atención, eso atraerás a tu vida, existen otras leyes o principios universales, que también tienen un impacto contundente en nuestro diario vivir, ya sea que las conozcamos o no. En este caso, me refiero a la ley de vibración y a la poderosa ley de causa y efecto. 

La ley de vibración explica que toda la materia es meramente energía condensada a una vibración lenta, y que todo en el universo vibra a frecuencias sutiles que son imperceptibles para nuestros cinco sentidos. También indica que aquello que manifiestas en tu realidad, son frecuencias semejantes a aquellas que emites  desde los niveles sutiles de tu ser.

Por otra parte, tenemos la ley de causa y efecto, que postula que todo aquello que des, te será devuelto en abundancia. Esto se aplica no sólo a cosas materiales y hechos, sino también a elementos sutiles, como pensamientos, sentimientos y emociones.

Ante esta conciencia, podemos explicarnos muchas de las circunstancias que estamos viviendo, lo cual nos ayuda a cambiar todo aquello que no nos gusta, gracias al conocimiento de las causas que lo han propiciado.
Esta perspectiva, nos convierte en una especie de agricultores vivenciales, donde queda perfectamente claro que no podemos obtener algo a cambio de nada y que si queremos recibir algo, tenemos que sembrar ese “algo” primero. Con buena semilla obtendremos obligadamente buena cosecha.
Conozco varios casos de personas que no han podido realizar sus sueños, porque creen que con sólo tenerlos basta para que las circunstancias se acomoden mágicamente para ponerlos en el camino correcto de encontrarlos. La realidad es que tener un sueño no es suficiente para verlo cristalizado, también hay que ser recíprocos desde el nivel vibratorio, para así poder obtener un efecto palpable en nuestra realidad. Es como soñar con sacarnos la lotería sin comprar un billete. Tenemos que dar para recibir.

“Cuando quieres algo, todo el Universo conspira para que realices tu deseo” dice el genial Paulo Coelho, y eso es lapidariamente cierto, sin embargo, no basta con querer, también hay que ofrecer algo a cambio, y ese algo, aparte del esfuerzo evidente que se lleve a cabo en el mundo físico, es de carácter sutil. Son las vibraciones que resultan de nuestro estado emocional y de nuestra actitud hacia la vida. Si siempre estoy pensando en lo que no tengo, emanaré vibraciones de carencia y eso tendré. Si mi atención está enfocada en lo que no me gusta, tendré más de eso: “Aquello que no puedes ver, en tu casa lo has de tener”

Un amigo mío, tiene perfectamente delineado el perfil de cómo quiere que sea la pareja que se le manifieste, desde físicamente hasta emocionalmente. Incluso realizó un fotomontaje digital que puso de fondo de pantalla, donde se ve abrazando a una artista de cine que se asemeja bastante a su ideal de mujer. Hasta ahí, va bien. Sin embargo, cuando me compartió la lista de características que había definido para su futura pareja, que por cierto nunca le llegaba, encontramos que sus aspiraciones no estaban balanceadas con sus aportaciones.

Por ejemplo, menciona en su lista que quiere una mujer culta, cuando él es incapaz de leer un solo libro en todo un año; también agrega como característica que su pareja tenga una figura esbelta, y él no hace nada de ejercicio; quiere que sea fiel, cuando él no puede resistirse a las faldas que se le cruzan por enfrente.

Para poder hacer realidad nuestros sueños, tenemos que recordar que todo en el universo se mueve  a base de intercambio, no podemos recibir nada a cambio de nada, ni obtener cosechas sin plantar primero las semillas. Aprende a responsabilizarte de las vibraciones que estás emanando y comprende que mientras no hagas nada por cambiarlas, tu vida y tus circunstancias permanecerán como hasta ahora lo han hecho. Sé siempre la causa y nunca el efecto.

¡Que tengas un excelente fin de semana!

domingo, 5 de febrero de 2012

La virtualización de las relaciones humanas - publicado el 5 de febrero de 2012

La virtualización de las relaciones humanas

Nos ha tocado vivir en tiempos tecnológicamente interesantes. Las comunicaciones han evolucionado de forma exponencial, cambiando dramáticamente la rapidez y la propagación de nuestros comunicados. Sin embargo, debemos considerar que todo lo que une, separa. Las tecnologías de comunicación han venido a facilitar estar en contacto en todo momento, con las personas de nuestro círculo laboral y personal, sin embargo se ha abusado del medio, convirtiéndolo en un fin en sí mismo, teniendo como resultado que el individuo esté cada vez más aislado del contacto humano directo.

En un mundo donde todo sucede rápidamente, y cada día tenemos menos tiempo para la convivencia personal, los encuentros virtuales han llegado  a ocupar ese espacio, precisamente por su conveniencia de ser rápidos y cortos, lo cual demerita enormemente la comunicación integral en las relaciones sociales. Cada día que pasa, va quedando más en el ayer, las reuniones con amigos a contar vivencias, anécdotas, chistes, etc. Ahora la convivencia tiende a sustituirse por un frío monitor.
Otro de los efectos  indeseables de esta tecnología, es inducirnos a creer que los amigos son aquellos que se encuentran en nuestra lista de Facebook, cuando el valor de un auténtico amigo es mucho más grande que sólo el hecho de formar parte de mi directorio de contactos.

Incluso hay gente que se siente muy satisfecha de tener en su cuenta de Facebook, más de mil amigos, lo cual es absurdo, primero, porque el tiempo que tendríamos que dedicarle a cada uno para que una verdadera amistad floreciera, no nos alcanzaría con 24 horas al día, y segundo, el hecho de tener tantos “amigos” como se pueda, es sólo una influencia del ego que siempre nos aconseja: “mientras más, mejor”. Sería interesante solicitar un favor a todos los “amigos” de la lista de Facebook, para ver quien responde, no sólo con mensajes de apoyo, sino con hechos, como lo hace un verdadero amigo.
En las relaciones de interpersonales, también han surgido dos formas nuevas de comunicación, que tienen un impacto directo. La primera son los mensajes de texto en los celulares, y los emails que solo tienen efecto a nivel personal. Sin embargo, aunque la comunicación sea rápida, carece del calor humano, convirtiéndola en un intercambio informativo vacío, sin el sutil toque del corazón, lo que puede conducirnos a malas interpretaciones frecuentemente. Ante esta deficiencia, se ha recurrido al simple artilugio de los “emoticones”, pero aun así, es imposible sustituirlos por la presencia de la otra persona, porque no escuchamos su tono de voz, ni vemos sus gestos, ni la postura de su cuerpo, que también forman parte de los elementos esenciales para comunicarnos.

Por otra parte, las redes sociales como Facebook y Twitter, presentan ese mismo problema de comunicación hueca, pero esta vez haciéndolo público, donde todos mis “amigos” se enteran de toda mi vida, obra y milagros que ahí les comparto, también sujeto a malas interpretaciones. Hay algunos casos en que se ventilan secretos que dejan de serlo, en el momento que son publicados en estos medios. Conozco un caso de separación de una pareja, precisamente por esta causa.
Las redes sociales también nos quitan el derecho a olvidar. Porque posiblemente algo que diga hoy, y más tarde me arrepienta, ya habrá quedado plasmado en el ciberespacio y aunque luego me retracte o mi opinión cambie, lo que ahí quedó escrito continuará existiendo como si fuera un juez que no perdona y que no olvida.

No hay duda de que los celulares esclavizan al usuario, si él  lo permite He escuchado decir a muchas personas que cuando salen a la calle sin ellos, se sienten desnudos. También hay que considerar que la portabilidad de los mismos, permite usarlos en cualquier parte, pero al centrar la atención en ellos, se crea una especie de “autismo celular” que tiende a aislar al individuo del entorno. Es muy común ver personas con audífonos, absortas en su teléfono, en cualquier parte, acusadamente ausentes de lo que les rodea.
Considero que la forma de evitar estos problemas, en cuanto a los mensajes de texto en los celulares y los emails, es que se usen de forma breve y directa, sólo para acordar un encuentro posterior, evitando manejar asuntos emotivos en los mismos. Lo mismo para las redes sociales, que además tienen un inmenso poder para encontrar personas que de otra forma, se tendría que contratar un detective para localizarlas. Ya que el contacto se ha establecido, hay que continuarlo por una vía más directa, como el teléfono, para tener más elementos de juicio y así evitar malos entendidos.

No olvides que los seres humanos tenemos cinco sentidos, no sólo la vista, y nos comunicamos con todos ellos. Cultiva las amistades reales, porque “El que tiene un amigo, tiene un tesoro”. Procura siempre usar la tecnología para tu beneficio,  evitando que sea ésta quien te use a ti.
¡Que tengas un feliz fin de semana!

domingo, 29 de enero de 2012

El lado oscuro de la compasión - publicado el 29 de enero de 2012

El lado oscuro de la compasión

Imagina que eres un actor principiante que está haciendo sus “pininos” en el mundo del teatro. Aunque tienes talento, aún te falta desarrollarlo y vives con tu pareja, que siempre ha prestado su hombro en el cual llorar, por todos los rechazos que has sufrido en tu nueva carrera. A primera vista, tu futuro parecería prometedor, pero si lo ves más de cerca encuentras que tu destino está muy lejos de ser como parece.
Siempre que te han rechazado de una audición, te frustras y te vas a desahogar con tu comprensiva pareja que te dice “Pobre de ti. No te preocupes mi amor, lo que ocurre es que eres un actor tan grande, que no saben apreciar tu arte. De seguro le dan los papeles sólo a los que son amigos de los productores. Ya olvídalo, descansa y relájate” Y así, terminas restándole atención a tu propósito y a dejarte “chiquear”. Al final, acabas desistiendo, cómodamente relajado en sus brazos, con tu objetivo olvidado.

Este es un clásico cuadro del “Compasivo Compulsivo” (CC) que con sus actos tiende a hacer más lento tu avance y  hacer que cada piedra en el camino, sea un pretexto para extenderte su compasión, a la cual se vuelve adicto y corres el riesgo de habituarte a ella tú también. Es muy común que el CC caiga en la condescendencia y la conmiseración con tal de poder compadecer a alguien a su alcance. Su comportamiento se origina en el miedo obsesivo de herir a los demás. Siempre necesita ser condescendiente porque tiene un gran temor de sentirse culpable.
Suele ser extremadamente común que cuando alguien fracasa y no se levanta, tenga a una pareja CC a su lado que le proporcionará un sinfín de justificaciones. Finalmente, parecería que su misión es reforzar la existencia de sus problemas, en lugar de ayudarle a solucionarlos. Este comportamiento puede parecer inofensivo y hasta agradable, pero su efecto es fomentar el desaliento, conformándose con no salir de la “zona de confort”

El CC tiene tal poder de dulce convencimiento, que a veces hasta el más obstinado soñador puede sucumbir a ese “melodioso canto de sirena”. Le encanta compadecer a otros, fomentando su estado de caídos, en lugar de ayudarlos a superarlo. Es el caso de la persona que siempre les da dinero a los pordioseros, en lugar de ofrecerles algún pequeño trabajo a cambio de dinero para impulsarlos a salir de ese estado.
Por su misma naturaleza, el CC es muy fácil de convencer, lo que lo hace un blanco perfecto para los estafadores. También tiende a atraer parejas escoria, a las que le es imposible dejar, por no herir sus sentimientos. Es el cuadro típico de la esposa dócilmente abnegada.

Como padres, los CC tienden a sobre-proteger a sus hijos, haciéndolos inútiles y atenidos, recompensándolos por sus debilidades, en lugar de fomentar su fuerza, lo que eventualmente dará como resultado a una persona insufrible y caprichosa, que carece del empuje necesario para sobreponerse a las dificultades.
En más de una ocasión, todos hemos entrado en ese estado, primordialmente porque no teníamos conciencia de que en lugar de ayudar a alguien, lo estábamos perjudicando. Es menester que lo evitemos a toda costa  en sus dos polaridades: ni ser el tipo Compasivo Compulsivo adicto a la condescendencia, ni la débil víctima que no puede sobreponerse a un revés sin que lo compadezcan.

No hay que confundir esto con las ocasiones donde evidentemente la persona en desgracia requiere  ayuda sin mayor trámite, como es el caso de un ancianito que a duras penas puede moverse,  un niño que tiene hambre, una persona en peligro o  una catástrofe, tampoco se puede ser inmune a las necesidades de los otros y es nuestro deber apoyar.
Pero en la mayoría de los casos, si de verdad quieres ayudar a un hombre caído, no le tires una cobija. Ayúdalo a ponerse de pie, y enséñale como obtener lo que necesita honradamente, porque de otro modo, sólo perpetúas su estado de caído.  

¡Que tengas un excelente fin de semana!

domingo, 22 de enero de 2012

Los Centinelas Invisibles - publicado el 22 de Enero de 2012

Los centinelas invisibles
Cada vez que tratamos de comenzar alguna nueva actividad que va a tener un impacto favorable en nuestra vida, aparecen unos obstáculos, que dan la impresión de tener como misión, disuadirnos de llevar a cabo aquello que queremos realizar. Estas curiosas formas energéticas parecen tener inteligencia propia y funcionan a la par de los robadores de sueños, a los que ya me había referido en un artículo anterior.
Se les ha llamado de muchas formas, entre otras, “dragones”, “esfinges”, “contra-intenciones”, etc. Yo prefiero referirme a ellas como “centinelas invisibles”, por que parecería que están siempre al acecho, tratando de salirnos al paso, en cuanto nos avocamos a lograr nuestros sueños. Y aunque son invisibles sus efectos son tan evidentes, que es imposible dejar de notarlos.

Estos centinelas se presentan de tres formas posibles: La trampa de la espera, la trampa de la justificación, y la trampa de la víctima de las circunstancias. Las dos primeras, provienen evidentemente de nuestra propia elección, y pueden clasificarse como pretextos, sin embargo la tercera, parece ser un obstáculo que se nos “presenta” en el momento justo para disuadirnos de actuar. Veámoslas ahora en detalle:
La trampa de la espera: Cuando quiero obtener algo o hacer algo, y he tratado por todos los medios a mi alcance para realizarlo y no se presenta, el primer riesgo es que me desespere y lo abandone. La voz del ego me sugiere que aquello va a tardar demasiado en lograrse y que mejor sería no perder más mi tiempo en una búsqueda infructuosa, y trata desviar mi atención hacia otro objetivo diferente. Aquí la clave es tener paciencia y terquedad. No abandonar mi objetivo y perseguirlo sin tregua.

La trampa de la justificación: Esta se presenta cuando me convenzo de tener tantas actividades tan importantes que abarcan toda mi agenda, que realmente no puedo distraerme buscando aquello que quiero lograr. Sé que lo quiero, pero “tengo tantas cosas que hacer, que no me queda tiempo”. Este auto-boicot, está ligado al anterior, cuando me justifico de abandonar un sueño, “porque de todos modos se iba a llevar demasiado tiempo lograrlo”. Para evitar esta trampa, debo evitar la auto-complacencia y seguir con paso firme hacia mi objetivo.
La trampa de la víctima de las circunstancias: Si los centinelas invisibles aún no han logrado disuadirte del empeño en lograr tu objetivo, por medio de la desesperación o de la justificación, todavía tienen un as bajo la manga del cual echar mano en cualquier momento. Esta trampa opera con “sucesos inesperados” o “accidentes” que aparentemente te impiden lograr aquello que quieres.

Esta parece ser la más enigmática de las tres, porque aparenta ocurrir al azar y de forma externa a mí. Es la enfermedad repentina e inesperada, el evento inaplazable que coincide justamente con el momento en el que tendrías que estar en otro lugar, el amigo que te pide un favor al que no puedes negarte, el auto que se descompone, y en general, todo aquello que en apariencia “te impide” hacer o lograr tu objetivo.
No obstante, no es ese centinela el que te frena, eres tú quien decide frenarte ante él, porque muchos otros han conseguido seguir adelante, aun a pesar de que parecía que el mundo entero estaba en su contra. La mayoría de los grandes logros en la historia de la humanidad, fueron posibles gracias a que alguien no cayó en la trampa de este centinela invisible, y siguió adelante, tal y como los salmones nadan contra la corriente hasta que logran llegar al sitio donde pueden desovar adecuadamente.

Lo más importante de esta trampa, es que nos lleva a creer que somos impotentes ante las circunstancias externas, cuando de algún modo, esas circunstancias fueron “sintonizadas” por nosotros mismos y más aún cuando estamos en pos de lograr aquello que anhelamos. Es una forma de proyectar un auto-boicot energético que termina materializándose en forma de obstáculo en nuestro entorno, al que le conferimos el poder de frenarnos.
Esta es una trampa activa, a diferencia de la trampa de la espera que es absolutamente pasiva. Sin embargo, como dice un sabio refrán brasileño “Aunque el diablo se esconda, se le asoma el rabo”. Son los efectos de esos centinelas, los que los ponen al descubierto ante nuestros ojos.

Pero al igual que los robadores de sueños, la presencia de estos tres centinelas, es una evidencia de que aquello que queremos lograr, vale la pena. Nunca abandones la búsqueda de aquello que quieres, bajo ninguna circunstancia. Después de todo, eso es lo que hace la vida más interesante.
¡Que tengas un excelente fin de semana!

domingo, 15 de enero de 2012

Cuando los refranes se convierten en decretos - publicado el 15 de enero de 2012

Cuando los refranes se convierten en decretos

En nuestro lenguaje tan florido, abundan esas sentencias de uso común que llamamos refranes o dichos populares. Son omnipresentes en todas las conversaciones informales y tienen tanto poder y arraigo en el inconsciente colectivo, que son capaces de ponerle fin a una discusión sin dejar derecho a réplica.
Sin embargo, como ya lo habíamos tratado antes, las palabras tienen mucho poder sobre nuestra realidad y son capaces de ponernos en sintonía vibratoria con aquello que pronunciamos frecuentemente, y más aún, si aquello va cargado de emociones intensas. Como es el caso de los refranes que casi siempre, tienen ecos en la realidad, cuando son pronunciados con tal solemnidad y certeza como si de una frase lapidaria se tratara.

En días pasados, me encontré con una amiga que tenía algún tiempo sin ver.  A ella siempre la ha caracterizado un estado emocional tan bajo y crónico, que le ha impedido durar en sus relaciones de pareja. Cuando le pregunté al respecto, la contestación que me dio, reveló su sentir en esa parte, me dijo “…sigo sola, porque más vale sola que mal acompañada”.  Entendí que en su subconsciente sólo había dos opciones: o estaba sola, o estaba mal acompañada, siempre tendiendo a lo que “más vale”. Y todo esto salió de la mano de un refrán.
Fue en ese instante cuando me quedó claro que la repetición de ese decreto generaba en ella, la realidad que tanto condenaba. Le comenté “¿Qué pasaría si cambias tu frase de “más vale sola, que mal acompañada” por “más vale bien acompañada que sólo acompañada”?  Así cuando menos nunca vas a estar sola y tu compañía siempre tenderá a ser buena”. A ella le encantó la idea.

Aunque los refranes encierran sabiduría popular, repetirlos cómo fórmulas pueden traer consecuencias no deseadas a nuestras vidas. Por eso es muy importante razonar lo que vamos a decir antes de hacerlo. No digo que todos los refranes sean perjudiciales, solamente propongo analizar si la repetición de tal o cual “dicho” me ayuda a ser mejor persona, o en caso contrario, me inmoviliza y me sirve de pretexto para no avanzar.
Analicemos ahora algunos ejemplos:

“El que quiere azul celeste, que le cueste” – El mensaje es que la vida es difícil y para llegar a obtener algo hay que pagar un precio, aunque nos incomode hacerlo. Eso no es necesariamente cierto: la búsqueda de nuestros sueños es una recompensa en sí misma y no debe representar una cuota por pagar, sino un privilegio de vivir.
“Más vale pájaro en mano que ciento volando” – He aquí una manifestación del ego que tiende a querer poseer cualquier cosa aunque sea poco. Esto es: más vale tener algo que no tener nada. Las posesiones materiales deben ser consecuencia y no causa, nunca deben definir el comportamiento. Los apegos nunca dejan nada bueno.

“Genio y figura hasta la sepultura” – Este es uno de los pretextos más grandes para no superarse uno mismo, o para justificar a otros su incapacidad para cambiar. La  vida es dinámica, no estática, nunca permanece igual, de nosotros depende ser mejores cada día, en todos aspectos. Este pertenece a los refranes “inmovilizadores” que tienden a perpetuar un estado sin posibilidades de cambiarlo. Tal es el caso de “Aunque la mona se vista de seda, mona se queda”, o “El que nace para maceta, del corredor no pasa”.
“Ojos que no ven, corazón que no siente” - ¿Será cierto? Bajo esa premisa ¿un ciego no sentiría? No es necesario que los ojos vean, basta con que el corazón se entere, por el medio que sea, para que el corazón sienta.

“Música pagada toca mal son” – Aquí caemos de lleno en las llamadas “profecías auto cumplidas”, tenemos tan arraigadas esas creencias que sólo estamos esperando que las condiciones se perfilen para darles sustento, cuando posiblemente sea esa expectativa la que las genera. También es el caso de “De tal palo, tal astilla” o bien, “Hijo de tigre, pintito”.
“Cuando la miseria entra por la puerta, el amor sale por la ventana” –  ¿Qué no se supone que cuando llegan los malos tiempos es cuando más debe prevalecer el amor? Ese refrán es una condena al desamor y a la dependencia del dinero para que el amor subsista.

Sin embargo existen también los que son positivos y nos transmiten enseñanzas y palabras de aliento que nos ayudan a elevar nuestra conciencia y a ser mejores personas. Por ejemplo: “Agua que no has de beber, déjala correr” – excelente receta contra los apegos;  “Barriga llena, corazón contento” – la mejor fórmula contra la depresión; “El que es buen gallo, dondequiera canta” – siempre sé la mejor versión de ti, en cualquier circunstancia; “A palabras necias, oídos sordos”; “El que se enoja pierde” -  etc. etc.

Siempre cuida tus palabras, porque ellas forman tu realidad, de ti depende que sea un paraíso o un infierno, después de todo “El pez por su boca muere”.

¡Qué tengas un excelente fin de semana!